miércoles, 10 de noviembre de 2010

"Este jueves, un relato"

LAS REDES SOCIALES




El taxi no tardó en aparecer en la puerta de su casa, Veronica se acomodó en el asiento trasero y recostó su cabeza en el respaldo, le indicó la dirección al taxista y se perdió en sus pensamientos.

Estaba nerviosa, por fin había llegado el momento de verle. Le había conocido en una red social hacía un par de meses y aunque nunca había sido muy aficionada a ellas, desde ese momento no pensaba en otra cosa que no fuesen sus mensajes.

Jaime era encantador, ¡y pensar que estuvo a punto de borrar su solicitud de amistad!, si no hubiera sido por esa foto de perfil tan original..., ese corazón sangrante atravesado por un puñal hizo que una corriente de empatía recorriese todo su cuerpo. Estaba tan reciente su fracaso amoroso que se sintió al momento identificada con esa imagen y pensó que a lo mejor podrían ayudarse mutuamente a salir de su dolor.

Así fué, no sólo había conseguido sacarla del pozo en el que se había sumido en los últimos días sino que, poco a poco, con su ingenio y su simpatía se ganó su amistad. Era tan atento y cariñoso que su reticencia inicial a conocerle personalmente se disipó completamente y ahora se dirigía hacia el lugar en el que habían quedado, -quiero que la primera vez que nuestros ojos se crucen sea en un lugar especial- le había dicho -y nada mejor que allí donde la ciudad estará a nuestros pies observándonos en silencio-.

Verónica se bajó del taxí y caminó hacia el mirador, no tuvo ninguna duda de que él estaría allí esperándola, no sintió miedo de la soledad del lugar, tan sólo pensaba en el momento en el que sus ojos se encontrasen y en la magnífica velada que tenía por delante.

Cuando le vió un estremecimiento recorrió todo su cuerpo, era incluso más guapo de lo que había imaginado, alto y moreno con unos ojos azules que la atraparon al momento y no podía dejar de mirarlos, sus fuertes brazos prometían unas manos grandes que se escondían en los bolsillos de su chaqueta y su voz, su voz...

Demasiado tarde Verónica dió un paso hacia atrás, había apreciado el duro tono de su voz, se dió cuenta de que sus ojos azules eran tremendamente frios, vió como sus manos salían de su escondite y en una de ellas brillaba un filo metálico. Quiso gritar, pero la voz se quedó congelada en su garganta,en ese instante se dió cuenta de que el corazón roto de la foto de su perfil no era el de él, ese corazón mostraba literalmete como sería el de ella en un instante.


Más historias de redes en: http://callejamoran.blogspot.com/

miércoles, 3 de noviembre de 2010

EL HOMBRE DE MI VIDA ME HA DEJADO

Después de treinta años de desvelos, de darlo todo por él, de esperarlo despierta cuando salía con los amigotes, se ha ido de casa.

Y no es que se haya ido con otra, que eso lo entendería. ¡No! encima tiene la poca vergüenza de decirme:

- Mamá, es que necesito espacio. Ya soy mayor.

- Mayor! Pero ¡¡¿dónde va esa criatura con 30 añitos?!!

Ahora, que yo se lo he dicho, eh?

- Parece mentira, dejarme tan pronto, hay que ser mal hijo...

Y me dice:

- Pues Jesucristo se fue de casa con 30

- ¡Y mira cómo acabó! ¡No llegó a los 34!

En fin... Ya lo voy llevando mejor... Pero el día que se fué, yo creí que me daba algo. El niño allí, recogiendo sus cositas. Cuatro chorradas, porque... ¿Qué se va a llevar el pobre, si no tiene nada suyo? Pues todo lo nuestro.

Pero fui yo la que se lo dije:

- Anda, tonto, llévate la tele pequeñita... y la minicadena... y el DVD...y ¡la lavadora!

Pero es más bueno! Ahí ya me dijo:

- No, mamá, la lavadora, no... que no tengo ascensor. Ya me la traes tú cuando vengas a verme.

Mi niño! Menos mal que no tengo tiempo de pensar en él, porque estoy todo el día ocupadísima haciendo croquetas para mandárselas. Que si no, se pasa la vida llamando a Telepizza. Y cuando
estoy liada en la cocina, mi marido viene por detrás, como un niño chico, a robarme las croquetas.

Y yo:

- ¡Deja eso ahora mismo! ¡Que son para el niño!

- ¿Y yo qué ceno?

- ¡Pues yo qué sé, coño! ¡Llama a Telepizza!

Pero luego me da pena, el pobre... que, al final, siempre le digo:

- Andaaa... déjalo... Ya llamo yo: ¿margarita o cuatro quesos?

Bueno, y me he comprado un móvil, que puedo hablar con el niño el tiempo que quiera por cinco euros. Eso sí, sólo podemos hablar de ocho a diez, como en la cárcel...

Pero, a veces, no aguanto más y lo llamo fuera de horario, a escondidas de mi marido. Que parece que tengo un amante:

- Cariño, te tengo que dejar, que ha llegado papá

Y cuando mi marido me pilla:

- ¡Ha llamado él, ha llamado él! Venga, rey, anda, no seas bobo... ya te llamo yo luego... Huy...qué mimoso está... Éste en dos días esta aquí, ¿eh Manolo?

Pero, por fin, cuando dan las ocho, y ya puedes hablar con él, libremente, de todas vuestras cosas...

- Hola lechoncito, soy mamá... ¿Qué tal el día?

- Bah...

- ¿Qué haces?

- Pssss...

- ¿Has cenado ya?

- Pschá...

- Bueno, no tienes ganas de hablar, ¿no?

- Bah...

- Bueno, pues adiós. ¡Manolo, el niño me ha colgado el teléfono!

Y mi marido:

- Cariño, es que te pones muy pesada...

- ¡Ahhhh! ¿Pesada yo? ¡Pesada tu madre, que hay que ir todos los años a ponerle flores!

Al principio no te atreves a tocar nada de su habitación, porque tienes la esperanza de que tu hijo se dé cuenta de que no puede vivir sin ti y vuelva. Pero la semana pasada... abrí los ojos.

Le llamo, y me sale una voz de mujer:

- ¿Diga??

Y colgué inmediatamente. Volví a marcar... y ya me sale el niño. Y le digo:

- Oye, ¿quién era ésa?

Y él:

- Una amiga

- ¡Ay, menos mal! Creí que era otra madre... Bueno, ¿y qué estáis haciendo?

- Pues nada, comiendo...

- ¡Ah, muy bonito! ¡Yo todo el día encerrada en la cocina para que venga una guarra cualquiera a comerse mis croquetas!

- No, si ella no come, no le gustan...

- Ah, ¿no le gustan? Mírala, qué fina...

Ahí me enfadé tanto que decidí hacerle caso a mi marido y convertir la habitación del niño en el cuarto de la plancha. Y me pongo allí a organizar el altillo...sus libros, sus tebeos, sus revistas ... Y de pronto, me dije: '¿A ver si las va a necesitar?'

Claro, porque cualquier pretexto es bueno para ir a ver a tu hijo... Pero, de repente, encontré la excusa perfecta: su ajedrez del centenario del Real Madrid. Con el sacrificio que hizo para
reunir las piezas, ¡que estuvo un mes comprando El Pais...! Así que al día siguiente le llevé un peón... Al otro, un alfil.... Al otro, una torre...

Y él:

- ¿Pero no me puedes traer todas las fichas a la vez?

Y yo:

- Ah...es que como te hizo tanta ilusión reunirlas por entregas...

Y mi marido se hace el duro, pero también tiene sus sentimientos, ¿eh?. El otro día fui yo quien le pilló a él hablando con el niño fuera de horario, y con una voz de angustia decía:

-Hijo mío, mándame una croqueta!

Ahí me di cuenta de que me estoy pasando...Que hay un montón de experiencias nuevas que vivir con mi marido. Así es que voy a empezar a disfrutar de esta segunda luna de miel. Voy a ver si le animo y nos vamos juntos a... llevarle la lavadora al niño. Y así el pobre prueba las
croquetas, que está tan flaquito que parece que el que se ha independizado es él.