martes, 27 de octubre de 2009

EL BACHILLER



Un chico termina el bachillerato y no tiene ganas de estudiar nada. El padre, importante miembro de un partido político, es un tipo de pocas pulgas, lo aprieta:
-¿Ah? ¿No quieres estudiar? Bueno, yo no mantengo vagos, así que vas a trabajar.

El padre, que tiene algunos amigos políticos dada su larga trayectoria, trata de conseguirle un empleo en la Junta y habla con un amigo:

-Oye, Manolo, ¿te acuerdas de mi hijo? Bueno, acabó el bachillerato y no quiere estudiar por ahora. Necesitaría un puesto como para que empiece a trabajar mientras decide si va a seguir una carrera.... El asunto es que haga algo y no vaguee, ¿entiendes?

A los tres días llama Manolo:

-Oye. Que ya está, he encontrado algo para tu hijo. Asesor de la Comisión de Salud de la Junta. Unos 9000 euros por mes. Está guay, ¿no?­

-¡Nooo, Manolo! ¡Es una locura! Tiene que comenzar desde abajo.
A los dos días, de nuevo Manolo:

-Ya lo tengo. Le conseguí un cargo de Secretario Privado de un Diputado. El sueldo es más modesto, de 5000 euros al mes.

-¡No, Manolo! No quiero que la vida se le haga tan fácil de entrada. Quiero que sienta la necesidad de estudiar, ¿me entiendes? Si gana esa pasta no estudiará nada.

Al otro día:

-Tío, ahora sí, Ayudante del Encargado del Archivo, con algo de informática, claro que el sueldo se va muy abajo ... serían 2800 euros ,nada más.

- Pero Manolo, ¡por favor!, consigue algo más modesto. Es un niño aún. Algo de 500 euros.
-No tío, eso es muy difícil ...

-¿Por qué?

- Verás ... esos cargos son por oposiciones, se necesita currículum, título universitario, masters ... ¿Me entiendes?


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jueves, 15 de octubre de 2009

"Este jueves, un relato" Convocatoria literaria


LA DUCHA


Damián adoraba su trabajo, le había costado mucho encontrar uno en el que disfrutara, pero lo había conseguido, desde su silla observaba cada día la misma rutina de ella que para él sin embargo lo era todo menos aburrida.

La ducha era el ritual previo de cada día y Sonia siempre tenía la misma rutina, al llegar junto a ella se desataba el albornoz que la mantenía caliente hasta el momento de meterse en el agua siempre demasiado fría para su gusto, lo colgaba del perchero que estaba junto a ella y giraba el mando hasta que el agua caía con toda su fuerza.

Sonia introducía primero un pie, siempre el derecho y poco a poco el agua iba humedeciendo su pierna, despacio, desde abajo hacia arriba, hasta llegar al muslo tan bien contorneado por el ejercicio diario, después la otra recorría el mismo camino hasta que ambas brillaban humedecidas.

Le seguía la espalda que cuando recibía el fuerte chorro de agua se curvaba hacia delante consiguiendo que su piel se erizara por completo al contraste de temperatura, girándose a continuación para que el agua resbalara por su cabeza, su cara y su torso, el movimiento de su pelo mojado era el momento preferido de Damián, entonces su sangre comenzaba a bombear con fuerza en sus sienes y su mente viajaba al momento en que la vio por primera vez entrando en la piscina para su entrenamiento diario, lo supo al momento, tenía que ser suya y si no de nadie más.

Sus intentos por conocerla fueron siempre infructuosos, ella sólo tenía ojos para aquel tipo que no se la merecía, ese prepotente que se creía que con ir a buscarla todos los días al final de la tarde para llevarla a casa tenía autoridad plena para considerarla suya, pero eso ahora ya no importaba, ese tipo había desaparecido para siempre aunque ella todavía no lo sabia.

Hoy sería el día en que él la poseería para siempre, lo tenía todo muy bien pensado y el sótano de su casa preparado, incluso había puesto una ducha nueva especialmente para ella, le había costado mucho trabajo pero imaginarla duchándose sólo para él le había animado a llevar a cabo todo su plan, incluso a buscar desesperadamente este trabajo.
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Cuando el idiota de su novio no llegara a recogerla le daría el margen suficiente para llamarle por teléfono unas cuantas veces, total no iba a contestar, y entonces cuando ella estuviera ya muy preocupada él se ofrecería a llevarla a casa, ella aceptaría sin dudarlo, estaba acostumbrada a confiar en él, no en vano era el socorrista de la piscina.
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