Por fin se sentía completamente feliz, después de tantos años de intensa búsqueda notaba como la felicidad la inundaba por completo, siempre pensó que la felicidad era un estado mental y transitorio, pero ahora sabía que se apreciaba también corporalmente.
A veces intentaba describir mentalmente como podría expresar con palabras la sensación que la invadía y no estaba segura de ser capaz de hacerlo.
No apreciaba ningún peso sobre su cuerpo, ni siquiera emocional , estaba en paz consigo misma sin preocupaciones ni obligaciones, y únicamente deseando pasar el tiempo concentrada en sentir esa maravillosa sensación de bienestar pleno e intenso.
Le gustaba sentirse así, en el centro de un silencio absoluto del que disfrutaba como nunca antes había sido capaz de disfrutar de ninguna otra cosa, sin tener necesidad de pensar en nada, únicamente dejándose llevar por esa sensación de paz inigualable.

Unas veces podía equipararla a la sensación de sentirse completamente sumergida en el agua, en medio de un mar tranquilo en el que ningún peligro podía acecharla, y únicamente debía concentrarse en sentir su cuerpo completamente desnudo en una simbiosis perfecta con el líquido elemento.
Otras se imaginaba que era una pompa de jabón flotando en el aire tranquilo, mecida constantemente por una suave brisa que acariciaba su piel como si fuera el más tierno de los amantes tanto tiempo soñado y por fin encontrado.
Recordaba, como si de un sueño se tratase, haber visto a su madre frente a ella, su madre muerta doce años atrás, mirándola con el ceño fruncido como hacía en su infancia cuando la regañaba por no hacer los deberes del cole o cuando llegaba a casa más tarde de la hora, su madre diciéndole que ya no podía engañarla más, que ya era hora de dejar de fingir la realidad, que eso que había encontrado no era la felicidad pero que con tan solo un poco de esfuerzo por su parte pronto la podría conocer y disfrutar realmente.
A pesar de los ruegos de su madre pronto olvidó su visión, no le resultó difícil relegar ese momento, dejarlo atrás y volver a su deseado aislamiento del que tanto disfrutaba.
Estaba dispuesta a seguir disfrutando de lo que por fin, después de tanto tiempo deseándolo, había encontrado.
A pesar de todos sus esfuerzos, en momentos muy puntuales notaba que su sensación de bienestar estaba a punto de zozobrar, hasta su interior llegaban murmullos apenas audibles, susurros de voces desconocidas entremezcladas con voces familiares, que luchaban por llegar hasta ella.
Últimamente y a pesar de sus esfuerzos, cada vez eran más frecuentes esos instantes en los que invadían su intimidad, incluso en alguno de ellos llegó a pensar que había reconocido las voces de sus hermanas, hacía tanto tiempo que no las veía que apenas era capaz de recordar sus caras, y mucho menos el motivo de su poca relación con ellas en los últimos años de que no vivían lejos y siempre se llevaron muy bien.
Trataba por todos los medios de seguir en su mundo ideal cuando oyó la voz de su hija, ya convertida en casi una mujer, su acongojada voz pidiéndola que volviera a su lado, diciéndola que la echaba de menos y que la necesitaba junto a ella fue como un gran vendaval que arrastraba su burbuja sin rumbo hacia el infinito y con tal fuerza que la frágil protección que la mantenía a salvo en su particular mundo perfecto comenzó a resquebrajarse.
Entonces comenzó a recordar sus últimos años, recordó su rostro escondido bajo las gafas de sol que eternamente la acompañaban ocultando sus sufridos ojos, encogidos por la eterna humedad que desprendían. Vio los gestos rudos de su marido con los que se sentía ahogada, sus miradas llenas de punzante desprecio, sus malos humores y sintió en lo más profundo de su ser el empujón que la precipitó por las escaleras de su casa en ese último momento antes de su oscuridad.
Evocó la cara de su madre con el rostro fruncido mientras le decía que la hora de la verdad había llegado y fue entonces cuando una fuerza en interior desconocida para ella hasta ese instante, la impulsó a no permanecer ni un solo minuto más en esa vida oscura y tenebrosa que tan sólo unos momentos antes creyó el paraíso.
Decidió mirar hacia delante y comenzar de nuevo una existencia largamente soñada, ahora sabía que tenía cuanto necesitaba: un puñado de esperanza ofrecido por su madre, un baúl lleno de amor incondicional reflejado en los ojos de sus hermanas y la eterna sonrisa de su hija festejando que en ese bendito día renació de sus cenizas con ganas de vivir.
Una historia muy fuerte.
ResponderSuprimirSaludos
Una historia llena de esperanza
ResponderSuprimiren el futuro, dejando atrás
los recuerdos.
Son horas de soñar otros
sueños.
Besos Mar.
somos todos un poco pompas...frágiles, etéreas, volátiles...ojalá logremos que las pompas de felicidad no se nos rompan...
ResponderSuprimirAbrazos!